El olor de la lluvia

lluvia

Aquella tarde de estío, extrañamente vago, el astro rey saltaba de rincón en rincón jugueteando con los cumulonimbos que se elevaban al cielo desafiando la gravedad.

Cumulonimbos blancos como la más pura nieve. Nieve donde yo escribí mi último verso.

Ahora que ando sólo por estos montes, te miro y tiemblo. Miro el río tranquilo y seco. Cómo podré me pregunto borrarte de mis recuerdos.

Unas gotas espesas caen sobre mi cabeza, el tiempo me ha tomado con un enredo en la mente y todo se ha parado a la hora que no era. Será que el verano que no llega, desde que te fuiste en primavera.

Ya no estoy para nada, ni nada está para mí, desde aquella primavera que no llega.

Quisiera volver atrás tantas veces que es imposible reconocer el camino de vuelta. Gira la rueda de la fortuna lo sé, y no se cobijarme de la pasión por ti. Me paso las noches en vela y sigo siendo un loco, un loco feliz.

No voy a llegar a tiempo lo sé. El tiempo es escaso y por mucho que te cambian por dentro, ya no llegaré nunca a tiempo.

Estoy empapado, todo huele a ti, me abrocho el corazón, no puedo sentarme a esperar, resbalo caigo y me levanto ardiendo por dentro, me anuda la ilusión. La ilusión de vivir en el país de los sueños.

Un país que nos marca con la señal del lado oscuro del infinito, en donde tú eres la más bella de entre todas las estrellas que yo vi en el firmamento.