Otoño

otoño

Aquella mañana me levanté pronto. Quería vivir 500 vidas.

Después de desayunar y parapetarme para la fina lluvia de Noviembre, salí a la calle y me dirigí hacia las afueras de aquel extraño pueblo pintado de blanco.

Un pueblo colgado sobre la montaña que seguía retorciendo sus calles empinadas desafiando las leyes de la gravedad.

Las calles desiertas sin ver a nadie. Quizás las casas deshabitadas sobre el vacío pensé.

Entre pensamientos y un arco iris en el horizonte sobre la nada, fue el pueblo quedando atrás.

Serpenteaban los senderos, jugando al escondite conmigo. A veces agrestes otras limpios y altivos.

Estaba sólo, con algunas aves de paso sobre mi cabeza cuando descubrí tras dos horas de solitaria caminata todo el esplendor que movía mi ansia.

Estaba allí, delante de mis ojos. Lo había conseguido. Gravé entonces tu nombre sobre la piel del árbol oscuro, y maldecí en silencio no tenerte a mi lado.

El sol hizo una tímida aparición, jugueteando con sus tenues rayos entre las tinieblas de mi alma. No consiguió calentarme pero me hizo recordar que seguía vivo.

Quería desafiar las leyes, las leyes de la vida y la muerte y traerte a éste lugar donde el tiempo aún me pertenece.

Grité al cielo. Pregunté por ti, pero no hubo respuesta más que en los laberintos de mi imaginación, allí donde sólo nace la adicción.

Quiero buscarte pero no te dejas encontrar. Te fuiste montada en el arco iris, en contra de la gravedad, a caballo entre el universo y el infinito, flotando en el aire como una exhalación.

Y desde entonces ya nunca más te he visto. Has borrado toda mi memoria, y sigo por eso cada otoño mío, detrás de un exiguo recuerdo.

La corriente se nos llevó sin saberlo. Cómo polen que vaga por el viento. Llegué éste año demasiado pronto como si hubiéramos entendido lo que hacemos.

Las nubes perezosas ellas, habían dejado de llorar y el sol ganaba terreno.

Volveré siempre a verte y gritar tu nombre cada nuevo día de mis 500 vidas para convertirlo en un tiempo eterno…..